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Murales de Orozco: receptáculo de la identidad tapatía

En el número 124 de Artes de México, el cronista Juan José Doñán hace un recuento maravilloso de los orígenes políticos que le dieron al Hospicio Cabañas una de las mayores piezas del arte moderno mexicano. Cuenta que, en 1933, estuvo de visita en el Hospicio Cabañas una comitiva de funcionarios de gobierno encabezada por el entonces secretario de Educación Pública, Narciso Bassols. Iba bien acompañado. Los pasillos de la Casa de la Misericordia los recorrió junto a los pintores Rufino Tamayo y Roberto Montenegro, así como el escritor Salvador Novo.

En Jalisco-Michoacán, el famoso autor habló sobre esa visita: “Vamos al Hospicio, laberinto de arcos y patios, llenos de silencio, limpios, muertos. Hay allí camas, niños, ancianas, y más y más patios y corredores coloniales. Tamayo se entusiasma y querría quedarse allí, a pintar las paredes”.

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Es de sorprender que la idea original para pintar los muros del Cabañas haya sido del joven Tamayo. Pero más sorprende la actitud de Novo ante el movimiento pictórico más mexicano de la historia, el muralismo. Escribió en el mismo libro: “Los pintores no pueden ver nada sin que se les ocurra echarlo a perder. ¿Habrán pensado en lo impropio e indecoroso que es su deseo de pintar en las paredes de los edificios? El fresco es el que cree que va a mejorar una construcción que existía antes de su advenimiento y para erigir la cual no se le tomó parecer. Es como si los poetas se pusieran a escribir versos en los márgenes de las partituras musicales”.

Lo bueno de la historia es que el comentario de Novo no trascendió y, al contrario, la intuición de Tamayo fue tal que, para 1936 (tres años después de la visita del oaxaqueño), por encargo del gobierno de Jalisco, José Clemente Orozco llevó a cabo una de las obras más monumentales de la ciudad.

El hombre en llamas es quizá el epítome de todos los murales que engalanan la capilla central. Como tapatíos, nuestras utopías, estéticas, amplitudes, referencias y destellos comienzan y terminan en la cúpula de Tolsá.

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Como bien ha mencionado el antropólogo Alfonso Alfaro: “Las perspectivas aéreas en que Orozco ha puesto a flotar sus cuerpos ascendentes en busca del espacio infinito son el eco visual de los cielos hendidos de Rubens o de Pozzo. […] De esta manera, el vigor mestizo de la sensibilidad barroca, que los ilustrados quisieron sofocar, ha vuelto para recordarnos desde estos muros y estas bóvedas dónde está la verdadera energía vital que, a pesar de las modernizaciones, sigue haciendo palpitar a esta sociedad.”

El muralista originario de Zapotlán el Grande logró relatar el devenir histórico de México; desde la época prehispánica, la conquista y la evangelización. Además, rinde tributo a Guadalajara al plasmar la fachada de la Universidad, El Palacio de Gobierno, la torre del templo de San Felipe Neri y el retrato del obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas, humanista a quien debemos tan insigne proyecto arquitectónico y estético.

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Fachada de la Universidad, Hospicio Cabañas, 1936.

Los murales no se reducen al Hospicio Cabañas. Orozco también plasmó su obra en el Palacio de Gobierno y en la Universidad de Guadalajara, en el hoy Paraninfo del Museo de las Artes.

En el primero, Orozco pintó un impresionante mural resolviendo el reto arquitectónico del espacio a pintar, ya que unificó los muros, la bóveda y la arquería que enmarcan el corredor de la escalera, y logró una obra dividida en cinco partes: 1. Las fuerzas tenebrosas, 2. Luchas fraticidas, 3. Hidalgo, 4. Las víctimas y 5. El circo contemporáneo. En este edificio de Palacio de Gobierno, también se encuentra, dentro del Salón de Sesiones del Poder Legislativo, el fresco La Gran Legislación Revolucionaria Mexicana, realizada de 1948 a 1949. En esta pieza destacan cuatro personajes de la historia de nuestro país: Carranza, Morelos, Hidalgo y Juárez, estos dos últimos con sus respectivas lides: la Independencia y la Reforma de México.

La Gran Legislación Revolucionaria Mexicana, Palacio de Gobierno de Jalisco, 1949.

En el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara, la obra central es El hombre creador y rebelde, que lo acompaña el tríptico con: 1. Obreros y soldados; 2. El pueblo y los líderes; 3. Los miserables. Sobre la cúpula central, Luis Cardoza y Aragón describió con precisión que “anima y recrea el tema enorme del hombre frente a sí mismo, ya sin dioses”.

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El hombre creador y rebelde, Paraninfo de la Universidad de Guadalajara, 1936.

Como aseguraba también Luis Cardoza y Aragón sobre el muralismo mexicano, es “la única aportación moderna dada al mundo por el continente americano”. Cosa que Orozco logró con la mayor explicitud y belleza en nuestra ciudad. Una marca que nos permite anclarnos, entendernos y portar con seguridad en el amplio catálogo de referentes universales. Guadalajara es parte del mundo y de la modernidad gracias a Orozco.

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José Acévez

Comunicólogo; ha colaborado en Cream, Artes de México, Sopitas, HuffPost y otros. Interés por la historia urbana de Guadalajara, la cultura popular mexicana, el municipalismo y la internet. Twitter: @joseacevez.

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