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Las Fiestas de Octubre: ese festín inolvidable

La última vez que asistí a las Fiestas de Octubre, promotores de American Online repartían de manera gratuita CDs a las afueras del recinto para que pudieras instalar un software y utilizar internet. Eso fue, quizá, a principios del siglo XXI y de ese día a hoy no solo hemos logrado que internet llegue de manera inalámbrica, sino que lo tenemos en el celular, podemos usarlo en casi cualquier lado y en casi cualquier cosa (ahora hay refrigeradores, coches y supermercados que funcionan por medio de internet). El mundo ha evolucionado de manera tan veloz que nuestro registro de los cambios muchas veces se vuelve imposible y somos incapaces de atender lo rápido con lo que la tecnología se despliega en todos los rincones de nuestra vida.

Veinte años después de que me regalaron esos CDs volví a las Fiestas de Octubre para comprobar que mantienen casi con rigor su esencia: no han cambiado nada. Y es quizá por esto que mantienen su entrañable valor, esta feria nos habla de una Guadalajara que ya fue y que por alguna extraña razón busca mantenerse vigente.

Las Fiestas de Octubre siguen tratándose de lo mismo de lo que se tratan año con año: una feria con juegos mecánicos (carruseles, ruedas de la fortuna, pequeñas montañas rusas), atracciones con premios, un pabellón enorme de comida y puestos de venta (desde muebles hasta tequila), una casa del terror, el palenque, el auditorio Benito Juárez que recibe a los más variados artistas, un certamen de reinas de belleza, la Canica Azul y miles de familias tapatías que van a pasar el tiempo en el añorado mes del jolgorio popular de Guadalajara.

Resulta sorprendente que después de tanto tiempo, las modificaciones de las Fiestas son mínimas. Vemos entrar algunas marcas internacionales (como las donas Krispy Kreme o Uber), pero en general, es un festín de localismos, donde la empresa tapatía se hace más presente que nunca: cerveza Estrella, tequila Don Julio, mazapán de La Rosa y salsa Valentina. Para un mundo cada vez más globalizado, donde se homogenizan todas las estéticas, los estilos y los consumos, este festival se vuelve un aliciente para seguir apostando por lo local.

Si tu expectativa es vivir una experiencia única, alejada de las habitualidades de la ciudad, definitivamente las Fiestas de Octubre no son el plan adecuado. Acá encontrarás lo típico de cualquier feria popular. Su encanto, sin embargo, reside en recordarnos esa Guadalajara de antaño, la provinciana que no veía venir su crecimiento enorme y desbordado ni su inclusión abrupta a los mercados y consumos globales. Esa ciudad que fue tranquila y llena de rosas que año con año hacía de octubre su mes más ornamentado con romerías y palenques.

Hoy sabemos que ya no tenemos esa ciudad y que las Fiestas de Octubre son otro más de la enorme oferta cultural y de entretenimiento que abunda en la ciudad. Sin embargo, su encanto y diversión perdurarán por un rato más; se ha quedado en la memoria profunda de la Guadalajara contemporánea y se ha vuelto un referente de nuestra cultura popular.

Siempre es bueno recordar, volver a lo que nos identificó como parte de esta colectividad urbana y sentir el alivio de sabernos todavía no tan perdidos en la vorágine de una globalización que aniquila localismos.


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